+51 900 356 987 info@consultorionuevamente.com Calle Intinsuyo 283, San Miguel, Lima
Niños

Primeras señales de autismo en niños pequeños

Primeras señales de autismo en niños pequeños

Las señales tempranas de autismo se concentran en comunicación social, juego e intereses. Ninguna aislada significa algo: lo que importa es que varias coincidan, se mantengan en el tiempo y aparezcan en distintos contextos.

¿Prefieres conversarlo con una psicóloga? Escríbenos por WhatsApp y te orientamos sin compromiso.

«La tutora me llamó aparte y me dijo que lo haga ver»

«Tiene dos años y tres meses. La tutora del nido me llamó aparte, con toda la delicadeza del mundo, y me dijo que lo haga ver. Yo me quedé fría. En casa es un bebé feliz, se ríe, se abraza conmigo, no molesta a nadie. Ese es el tema: no molesta. No pide, no llama, no me busca. Yo pensaba que era tranquilo y que me había sacado la lotería.»

Esa frase —«pensaba que era tranquilo»— es una de las que más escucho. Y tiene una lógica implacable: en el desarrollo temprano, lo que enciende la alerta casi nunca es algo llamativo que el niño hace. Es algo que no aparece. Y las ausencias son silenciosas. Un bebé que no reclama, que se entretiene solo dos horas con una tapa girando, que no llora cuando te vas, es un bebé al que todo el mundo felicita.

Este artículo es un mapa de esas ausencias, ordenado por tramos de edad. Léelo con lápiz y con una advertencia que voy a repetir tres veces: ninguna señal suelta significa nada.

Qué estamos mirando exactamente

Hay cientos de listas en internet donde se mezcla todo. Para que te sirva, quédate con tres ventanas, y solo tres:

  1. Comunicación social: cómo te usa a ti. Si te mira, te llama, te busca, te muestra, te copia.
  2. Juego: qué hace con los objetos. Si los explora o si juega con ellos; si aparece la pretensión, el «como si».
  3. Intereses, rutinas y reacciones sensoriales: cuánta rigidez hay y cómo le llega el mundo por los oídos, la piel y la boca.

Lo que orienta hacia un TEA es que haya señales en las tres ventanas al mismo tiempo, y sobre todo en la primera. Un niño que se comunica bien contigo pero es exquisito con la comida es un niño exquisito con la comida.

Un paréntesis necesario: aquí no vas a encontrar los hitos del habla mes por mes, porque el retraso del lenguaje es un asunto en sí mismo y muchas veces va solo, sin nada más. Si tu preocupación principal es que no habla, revisa mejor las señales de que tu hijo podría necesitar terapia de lenguaje.

Entre los 9 y los 12 meses

A esta edad todavía no hay palabras, y no hacen falta: la comunicación ya está funcionando por otros canales.

  • No responde a su nombre de forma consistente. La prueba honesta: cuando está entretenido con algo, párate detrás de él, a un metro, y di su nombre con voz normal. Sin tocarlo, sin cantar, sin decir «mira». Dos veces, con pausa. Un bebé de esta edad se voltea. Si se voltea a veces sí y a veces no, eso también cuenta: la palabra clave es consistente.
  • No sigue tu mirada ni tu dedo. Señala algo interesante al otro lado del cuarto. ¿Mira tu dedo? ¿Mira tu cara? ¿O sigue con lo suyo?
  • No aparecen los gestos. Chau con la mano, aplaudir, brazos arriba para que lo alces, negar con la cabeza, «dame» abriendo la mano.
  • El balbuceo no se conversa. No importa cuántos sonidos hace, importa si hay ida y vuelta: tú dices algo, él responde con un sonido, tú respondes de nuevo. Ese pimpón es el borrador de una conversación.
  • Pocas sonrisas dirigidas a tu cara. Sonríe, pero no necesariamente a ti mirándote.
  • No le engancha el cucú ni los juegos de aparecer y desaparecer, ni el «tortitas de manteca».

Entre los 12 y los 18 meses: señalar para pedir no es lo mismo que señalar para compartir

Esta es la distinción más útil de todo el artículo y casi nadie la explica en consulta.

Hay dos maneras de señalar y son dos operaciones mentales completamente distintas.

Señalar para pedir. El niño quiere la galleta que está arriba del microondas. Te señala la galleta, o te jala la mano y la pone sobre la puerta. Aquí tú funcionas como una herramienta: eres la escalera que lo acerca a lo que quiere. Es comunicación, sí, pero no requiere pensar en ti.

Señalar para compartir. Pasa un perro enorme por la vereda. El niño lo señala, y después —esto es lo importante— te mira la cara para ver si tú lo estás viendo también. No quiere el perro. Quiere que lo que hay en su cabeza esté también en la tuya. Para hacer eso tiene que haber entendido, sin que nadie se lo enseñe, que tú tienes una cabeza con contenidos propios.

Ese triángulo niño – objeto – tu cara es lo que llamamos atención conjunta, y es el cimiento sobre el que se construyen el lenguaje y lo social. En el autismo, lo característico es que el primer tipo de señalar puede estar presente y el segundo casi nunca aparece. Muchos padres me dicen «sí señala» y, cuando lo miramos con calma, señala solo para pedir.

En el mismo tramo, mira también:

  • No trae cosas para mostrarlas. Ojo: traer para que le abras el envase es pedir. Traer para que lo veas, dejarlo en tu falda y quedarse esperando tu reacción, es compartir.
  • No imita. No agarra la escoba, no se pone tus lentes, no se lleva el control remoto a la oreja como si fuera teléfono, no repite el gesto que le acabas de hacer.
  • No busca tu cara cuando algo lo sorprende o lo asusta. Los niños de un año hacen algo hermoso: antes de tocar el enchufe te miran para leer tu expresión. Si eso no ocurre nunca, tómalo en cuenta.
  • No hay respuesta social al elogio. Aplaudes y celebras algo que hizo y no se ilumina, no lo repite para que lo vuelvas a celebrar.

Entre los 18 y los 24 meses: el juego que no llega

Alrededor del año y medio debería aparecer el juego simbólico: el «como si». Dar de comer a un muñeco, hacer que un bloque es un carro y le pone gasolina, tapar al oso con un trapo porque tiene frío, hablar por un teléfono de juguete.

Si a los dos años el juego sigue siendo únicamente exploración —girar las ruedas del carro en vez de hacerlo correr, abrir y cerrar puertas, prender y apagar el interruptor, ordenar por color, apilar y desapilar— hay algo que mirar. La señal clásica es alinear: poner los carritos en una fila perfecta, y si mueves uno, la angustia. No es que alinear sea malo; es que después de alinear no aparece la historia.

En esta franja también empiezan a notarse:

  • Muy poco interés por otros niños. No los mira, no se acerca a observar qué hacen en el parque. No hace falta que juegue con ellos a esta edad, pero sí que le llamen la atención.
  • Rutinas rígidas. El mismo recorrido, la misma silla, el mismo video empezado en el mismo minuto, el mismo plato. Y una reacción desproporcionada ante un cambio mínimo, del tipo que a un adulto le parece incomprensible.
  • Reacciones sensoriales llamativas. Se tapa los oídos con la licuadora o el claxon, camina en punta de pie de forma habitual, mira de costado los objetos que giran, huele o lame cosas, rechaza texturas de comida en bloque, o al contrario: se golpea fuerte y no llora.
  • No comprende consignas simples aunque no haya problema de audición: «tráeme el zapato», «dale a papá», «¿dónde está tu nariz?».

Entre los 24 y los 36 meses

Aquí ya no estamos esperando que aparezca: estamos viendo cómo se usa lo que apareció.

  • Tiene palabras, pero no las usa para conversar. Repite diálogos completos de dibujos animados, recita números, letras o los planetas, canta canciones enteras en inglés, y al mismo tiempo no puede pedir agua ni contestar «¿qué comiste?». Eso se llama ecolalia y no es un vicio: es la manera que encontró de usar el lenguaje. No se corrige, se aprovecha.
  • Habla de sí mismo en tercera persona o pide con la frase tal como la escuchó («¿quieres agua?» para decir «quiero agua»).
  • No hay juego con otros niños, ni siquiera empezando: no comparte, no imita lo que hacen, no le interesa lo que están armando.
  • Las transiciones son un problema diario. Salir del parque, apagar la pantalla, entrar al baño, terminar la comida. Cada cambio es una batalla.
  • No señala una imagen en un libro para mostrártela ni te pide que le cuentes.
  • Contacto visual poco sostenido. Y aquí una corrección importante: no se trata de si «mira a los ojos», porque muchos niños con autismo miran. Se trata de si usa la mirada para comunicar: mirarte cuando algo le gusta, cuando quiere que sigas, cuando no entiende.

La señal que nunca se espera: perder algo que ya tenía

Todo lo anterior son cosas que no aparecen. Esta es distinta y merece un apartado propio.

Si tu hijo tenía una habilidad y la perdió, eso no se observa: se consulta.

  • Decía cinco o diez palabras y dejó de decirlas.
  • Saludaba con la mano y ya no lo hace.
  • Te miraba y te buscaba, y de pronto empezó a pasar de largo.
  • Jugaba contigo al cucú y ahora no responde.

Suele ocurrir entre los quince meses y los dos años, y a veces coincide con algo de la vida familiar: una mudanza, el nacimiento de un hermanito, una hospitalización, un viaje. Esa coincidencia es la trampa. Todo el mundo va a decirte que es por eso, que está celoso, que ya se le pasará. Puede ser. Pero la pérdida de habilidades ya adquiridas no es un fenómeno esperable del desarrollo, y no es algo con lo que se pueda esperar tres meses «a ver». Aunque haya sido «solo» una palabra. Aunque hoy parezca estar bien.

Ninguna señal aislada significa nada

Te lo prometí tres veces y esta es la tercera. Conozco decenas de niños de desarrollo típico que alinean cubos con devoción, que caminan en punta hasta los dos años, que solo comen cuatro cosas, que son extremadamente reservados con los desconocidos. Nada de eso, por sí solo, es autismo.

Lo que hace que un conjunto de señales pese es:

  • que sean varias y estén en las dos áreas a la vez —lo social y lo repetitivo—, no todas en la misma;
  • que se mantengan durante semanas, no un mal mes después de una enfermedad;
  • que aparezcan en más de un contexto: en casa, en el nido, con los abuelos;
  • que interfieran de verdad en el día.

Y hay cosas que se confunden y conviene descartar antes de sacar conclusiones. Una hipoacusia o las otitis a repetición explican perfectamente que no responda al nombre y que no hable, y por eso la audición se evalúa primero, siempre. Un retraso simple del lenguaje se ve parecido desde afuera, pero ese niño te mira, te muestra, te trae cosas y juega contigo. La falta de estímulo —muchas horas de pantalla, poca interacción cara a cara— también frena el desarrollo comunicativo, y mejora rápido cuando se corrige. Crecer con dos idiomas en casa, en cambio, no retrasa nada ni causa nada: ese mito hace que muchas familias dejen de hablar su lengua sin ninguna razón.

Y una aclaración que tranquiliza a muchos padres: un niño con autismo puede ser cariñoso, abrazar, reír a carcajadas y buscar tu regazo. El afecto no descarta el diagnóstico, porque lo que está afectado no es querer, es el ida y vuelta.

Si quieres entender el cuadro completo detrás de estas señales, lo explico en qué es el TEA y por qué se habla de espectro.

Qué hacer en las próximas dos semanas

Si al leer reconociste varias señales, esto es lo concreto. No requiere más de dos semanas.

  1. Haz una hoja de dos columnas: «qué sí hace» y «qué no aparece todavía». Con ejemplos y fechas, no con adjetivos. «El sábado le señalé un avión y no levantó la vista» sirve; «es distraído» no sirve.
  2. Graba dos videos de un minuto. Uno de juego libre, sin que tú dirijas nada. Otro llamándolo por su nombre desde atrás, dos veces, sin tocarlo. Muéstralos en la consulta: valen más que veinte minutos de relato.
  3. Evalúa la audición. Otoemisiones o una audiometría adaptada a su edad. Es el paso uno y se saltea muchísimo.
  4. Ve al control pediátrico y pide el tamizaje del desarrollo. Existen cuestionarios breves de cribado para esta edad y son gratuitos de aplicar. Cribado no es diagnóstico: solo dice si conviene evaluar a fondo. Cómo es esa evaluación, quién la hace y qué te van a entregar lo explico en cómo se diagnostica el TEA.
  5. Pide a la tutora del nido un reporte escrito de tres puntos: cómo entra al aula, qué hace en el patio y cómo reacciona a los cambios de actividad.
  6. Empieza hoy, sin esperar el informe. Tres cosas que puedes hacer mañana en el desayuno: ponte a su altura y frente a él; juega a su lado con lo que él eligió, imitando lo que hace en vez de proponerle otra cosa; y cuando quiera algo, espera cinco segundos con cara expectante antes de dárselo, nombrando una sola palabra. Ese espacio de cinco segundos es donde caben sus primeras iniciativas. Por qué esos meses valen tanto lo desarrollo en la importancia de la intervención temprana en el autismo.
  7. Guarda todo en un solo folder, físico o en el celular: videos, hoja de columnas, informe del nido, resultado de audición. Vas a agradecerlo en cada cita.

Si después de estos pasos sigues con la duda —o si no quieres esperar para ordenarla—, en el Centro Psicológico Nueva Mente, en San Miguel, puedes solicitar una evaluación del desarrollo y salir con una idea clara de si hay algo que atender y por dónde se empieza.

Agenda tu consulta en San Miguel

En el Centro Psicológico Nueva Mente atendemos de forma presencial en San Miguel, Lima, y también online por videollamada. Si algo de lo que leíste te resuena, escríbenos: la primera consulta sirve justamente para ordenar el panorama y saber qué tipo de acompañamiento necesitas.

Volver al blog Escribir por WhatsApp

Artículos relacionados

¿Necesitas ayuda? Contacta con un especialista