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Primera vez en terapia

Cómo elegir un psicólogo LGBT-friendly y qué señales de alarma vigilar

Cómo elegir un psicólogo LGBT-friendly y qué señales de alarma vigilar

Cuando la orientación o la identidad son parte de lo que vas a hablar, elegir profesional tiene un filtro extra. Aquí están las preguntas que puedes hacer antes de la primera cita y las señales de alarma.

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«Fui a tres antes de encontrar a alguien con quien pude hablar. Al segundo le conté y me preguntó si había sufrido algún abuso de chico. Ahí supe que me tenía que ir, pero pagué la sesión completa y hasta agendé la siguiente por vergüenza.»

Esa última parte —agendar la siguiente por vergüenza— es la que más se repite y la que más tiempo cuesta. La gente aguanta sesiones que sabe que están mal porque le parece de mala educación cortar, o porque piensa que el problema es que ella no se está esforzando.

Así que este artículo va de algo muy concreto: cómo filtrar antes de gastar meses, y cómo salir rápido si ya entraste al lugar equivocado.

Por qué esta búsqueda tiene un filtro extra

Elegir psicólogo tiene criterios generales que valen para cualquiera: la formación, el enfoque, si te sientes escuchado, si notas movimiento después de unas cuantas sesiones. Todo eso está desarrollado aparte, en cómo elegir al psicólogo adecuado para ti, y sigue siendo válido aquí. No lo voy a repetir.

Lo que agrego es el filtro específico, y existe por una razón práctica: la formación de grado en psicología, en el Perú y en casi todos lados, no garantiza formación en diversidad sexual. Un profesional puede ser excelente en ansiedad o en terapia de pareja y tener, sobre este tema, las mismas ideas que escuchó en su casa a los quince años. No es maldad; es un vacío de formación, y a veces también una convicción personal que no avisó. En cualquiera de los dos casos, el costo lo pagas tú.

Hay una asimetría más que conviene nombrar. Cuando vas por ansiedad, tú no sabes de ansiedad y el profesional sí, así que la evaluación de calidad la hace él. Cuando vas y tu orientación es parte del cuadro, tú sí sabes si te están tratando bien. Tu incomodidad en ese terreno no es resistencia al tratamiento: es información clínica sobre el tratamiento. Confía en ella.

Las preguntas que puedes hacer antes de la primera cita

Se pueden hacer por WhatsApp, por correo o por teléfono, antes de agendar, y no es una descortesía: es lo mismo que preguntarle a un traumatólogo si opera rodillas. Un profesional serio contesta sin ponerse a la defensiva. Estas son, literales:

  • «¿Ha atendido antes a pacientes gays, lesbianas o bisexuales?» La respuesta buena es simple y afirmativa. La respuesta preocupante es la que empieza a explicar mucho.
  • «¿Cuál es su postura sobre la orientación sexual?» Lo que quieres oír es que no es un trastorno y que no es objeto de tratamiento. Si lo que recibes es un discurso sobre respeto a todas las personas sin decir nada más, insiste una vez.
  • «¿Trabaja usted con enfoque afirmativo?» Es la pregunta más directa. Si no sabe qué es el término, no es descalificante por sí solo, pero pide que te explique cómo aborda estos casos.
  • «Si mi familia le pide que me ayude a cambiar, ¿qué haría usted?» Esta es la mejor pregunta de todas, porque no se puede improvisar. La respuesta correcta incluye que eso no se hace, que no funciona y que la familia se puede atender en otro espacio, pero no con ese objetivo.
  • «¿Sus creencias religiosas influyen en cómo aborda este tema?» Tienes derecho a saberlo antes. La fe del profesional es asunto suyo hasta el momento en que entra al tratamiento; ahí pasa a ser información que tú necesitas.

Una pregunta más, muy útil y que casi nadie hace: «¿Cómo maneja la confidencialidad si mis papás llaman a preguntar?» Vale sobre todo si eres joven, si vives con tu familia o si alguien más está pagando la consulta.

Si te interesa entender qué es lo que estás pidiendo cuando preguntas por el enfoque, está explicado en detalle en en qué consiste la terapia afirmativa. Acá me quedo en cómo detectarlo desde afuera.

Señales de alarma inequívocas

Algunas cosas admiten matices. Estas no. Si aparece cualquiera de las siguientes, el criterio es cortar, y cortar sin culpa:

  • Ofrecer «revertir», «reorientar», «sanar» o «restaurar» la orientación. Con cualquier envoltura: terapia reparativa, acompañamiento, proceso de restauración, consejería especializada. No funciona. Aumenta la ansiedad, la depresión y el riesgo suicida. Ninguna sociedad científica la respalda, y no hay una versión suave de esto.
  • Atribuir la orientación a un trauma, a un abuso o a la crianza. «¿Hubo abuso?» «¿Cómo era tu papá?» «¿Tu mamá era muy pegada a ti?» Si esas preguntas aparecen orientadas a explicar tu orientación y no tu malestar actual, ya sabes en qué modelo estás.
  • Insistir en buscar la causa. Es la versión intelectual de la anterior. La orientación no tiene una causa que haya que encontrar, y buscarla implica que hay algo que corregir.
  • Mezclar creencias religiosas con el tratamiento sin avisar. Rezar en sesión, citar textos como argumento clínico, hablar de pecado o de pureza. Si buscabas acompañamiento espiritual, existe y es otra cosa; lo que no corresponde es que llegue camuflado en una consulta psicológica.
  • Usar la palabra «preferencia». «Preferencia sexual» suena inocente y no lo es: da por hecho que hay una elección de por medio. Se dice orientación. Un profesional actualizado en el tema no comete ese error, y cuando lo comete conviene preguntarle a qué se refiere.
  • Pedirte que lo oculten. «Mejor no le digas a nadie todavía», «no lo comentes en tu trabajo», dicho como indicación y no como una decisión que tú evalúas. Las decisiones sobre visibilidad son tuyas; el terapeuta ayuda a pensarlas, no las dicta.
  • Convertir tu orientación en el problema cuando fuiste por otra cosa. Vas por insomnio, por una crisis de pareja o por duelo, y todas las sesiones terminan girando alrededor de lo mismo. Es un error frecuente incluso en gente bienintencionada, y también hay que decirlo.
  • Comentarios sobre tu apariencia, tu voz o tus gestos presentados como recomendación terapéutica.
  • Curiosidad que no aporta. Preguntas sobre detalles de tu vida sexual que no tienen relación con el motivo de consulta.

Una señal blanda, no descalificante pero que hay que mirar: la incomodidad visible. Un profesional que se pone nervioso, cambia de tema o se ríe fuera de lugar cuando aparece el asunto probablemente no tiene formación en esto, aunque no tenga mala intención. Se le puede preguntar de frente: «Noté algo cuando lo mencioné, ¿cómo se siente usted con este tema?». La respuesta a esa pregunta te dice más que cualquier currículum.

Y si lo que recibes son mitos armados —que es una etapa, que se contagia, que es una moda—, no vas a poder rebatirlos ahí en el momento ni tiene sentido intentarlo dentro de una sesión que estás pagando. Lo que sí vale es saber de antemano cuáles son, y para eso está el recuento de mitos y realidades sobre la homosexualidad.

Qué es y qué no es un profesional afirmativo

Hay un malentendido que aparece por los dos lados y conviene deshacerlo.

Afirmativo no significa que esté de acuerdo con todo lo que hagas. No es un terapeuta que aplaude. Si tomas decisiones que te están haciendo daño —una relación en la que te tratan mal, consumo, salir del clóset en un momento en que tu seguridad está en riesgo, dejar de estudiar en un impulso—, lo esperable es que te lo diga y que lo discutan. Un terapeuta que nunca te contradice no te está cuidando, te está dejando solo.

Afirmativo tampoco significa evitar los temas difíciles. Se puede y se debe hablar de todo: de tu manera de vincularte, de lo que te toca revisar, de patrones que repites. Nada de eso está prohibido.

Afirmativo significa una sola cosa, y es la base: tu orientación y tu identidad no están en la lista de cosas a corregir. Lo que se atiende es el sufrimiento que produce el rechazo, el ocultamiento y la discriminación, no la orientación misma. Todo lo demás se trabaja como con cualquier otro paciente.

Y hay un tercer error, menos comentado y bastante frecuente en profesionales muy bienintencionados: asumir que todos tus problemas vienen de tu orientación. Si vas porque tu jefe te maltrata o porque tu hermano no te habla desde una pelea por una herencia, eso no tiene que ver con quién te gusta. Que todo se explique por ahí es una forma de reducirte, y también es señal de poca formación.

Cómo verificar credenciales en el Perú

Esta parte es de trámite y toma diez minutos:

  1. Pide el número de colegiatura. En el Perú los psicólogos se colegian en el Colegio de Psicólogos del Perú y usan las siglas C.Ps.P. seguidas de un número. Es información pública y pedirla es normal.
  2. Verifica que esté habilitado. No basta con estar colegiado: la habilitación es lo que indica que el profesional está al día para ejercer. Si dudas, se puede consultar directamente al colegio.
  3. Pregunta por el título, no solo por el curso. Título de licenciado en psicología, universidad y año. Distinto de un diplomado o de un taller. Muchos perfiles muy vistosos en redes son de personas sin título habilitante.
  4. Ojo con las etiquetas que no son profesión regulada. Coach, consejero, terapeuta holístico, mentor, orientador de vida. Puede haber gente valiosa ahí, pero no es un psicólogo y no tiene colegio profesional detrás al que puedas reclamar. En este tema en particular, es el terreno donde con más frecuencia aparecen las propuestas de «cambio».
  5. Pregunta por la especialidad y por la formación de posgrado. No para exigir un título en diversidad sexual, que es raro, sino para saber dónde se formó y con qué enfoque trabaja.

Y un punto sobre atención pública: si el costo es un obstáculo, el sistema público y ESSALUD ofrecen atención en salud mental, y en Lima hay centros comunitarios de salud mental. La calidad y la sensibilidad varían de un lugar a otro y de un profesional a otro, así que las preguntas de más arriba sirven igual ahí. Tienes derecho a solicitar un cambio de profesional también en el sistema público.

Si ya empezaste con alguien y aparecen estas señales

Esto es lo que más cuesta, así que lo pongo en pasos.

Primero: cambiar de terapeuta no es fracasar, ni tuyo ni necesariamente del otro. El ajuste entre paciente y profesional es un factor real del resultado, y en este tema puntual el ajuste es más determinante que en muchos otros.

Segundo: puedes plantearlo una vez, si quieres. «Cuando hablamos de mi orientación siento que se aborda como un problema a resolver, y yo no vengo por eso.» Un buen profesional escucha eso, lo trabaja y hasta te lo agradece. Si en cambio te dice que es tu resistencia, ya tienes la respuesta.

Tercero: no le debes una explicación larga. Un mensaje sirve. «Voy a suspender el proceso. Gracias por la atención.» Punto. No hace falta justificar, no hace falta última sesión de cierre si no la quieres, no hace falta convencer a nadie.

Cuarto: si te ofrecieron alguna forma de cambiar tu orientación, eso no es solo un mal ajuste. Es una práctica dañina y sin respaldo científico, y si el profesional está colegiado se puede presentar una queja ante el Colegio de Psicólogos del Perú. No estás obligado a hacerlo —muchas veces la persona solo quiere salir de ahí y está bien—, pero conviene saber que la vía existe.

Quinto y más importante: no lo tomes como prueba de que la terapia no sirve. Es la conclusión más común y la más costosa. Una mala experiencia en esto suele dejar a la gente años sin volver a consultar, justo cuando lo necesitaba.

Qué esperar de la primera sesión

Cómo funciona una primera consulta en general —la duración, la historia clínica, el encuadre, los honorarios— está explicado en cómo es la primera consulta psicológica paso a paso. Lo que agrego es qué mirar en este caso específico:

  • Tú decides si lo mencionas o no en la primera sesión. No es obligatorio de entrada. Si tu motivo de consulta es otro, puede esperar.
  • Fíjate en el lenguaje. Si dices «mi pareja» y el profesional asume un género distinto, mira cómo lo corrige cuando se lo aclaras. Con naturalidad y sin drama es buena señal.
  • Fíjate en el formulario. Casillas de estado civil que solo contemplan una opción, preguntas planteadas en un solo sentido. No es determinante, pero dice cuánto se pensó en esto.
  • Fíjate en si lo trata como dato o como tema. Lo esperable es que tome nota, pregunte lo que necesita saber para entender tu vida y siga con el motivo por el que fuiste.
  • Pregunta por el plan. Al terminar la primera o la segunda sesión, es legítimo preguntar en qué se va a trabajar y con qué objetivo. Si en esa lista aparece tu orientación como objetivo, ahí terminó la búsqueda y sigue.

Date dos o tres sesiones antes de decidir sobre el ajuste general, que es lo razonable. Pero sobre las señales de alarma de la lista anterior no hace falta esperar: una es suficiente.

Cómo empezar la búsqueda esta semana

  1. Arma una lista corta de tres profesionales. No uno: tres.
  2. Escríbeles el mismo mensaje con dos preguntas, la de la postura y la de qué harían si tu familia pide un cambio. Compara las tres respuestas.
  3. Pide el número de colegiatura y verifica la habilitación antes de pagar.
  4. Agenda con quien te respondió más claro, no con quien te respondió más bonito.
  5. Anota, antes de entrar, cuál es tu motivo de consulta en una frase. Te sirve para notar si el proceso se desvía.

Si quieres hacer estas preguntas antes de comprometerte con nada, en el Centro Psicológico Nueva Mente, en San Miguel, se pueden plantear por WhatsApp o en una primera consulta, y se responden de frente.

Agenda tu consulta en San Miguel

En el Centro Psicológico Nueva Mente atendemos de forma presencial en San Miguel, Lima, y también online por videollamada. Si algo de lo que leíste te resuena, escríbenos: la primera consulta sirve justamente para ordenar el panorama y saber qué tipo de acompañamiento necesitas.

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