La terapia avanza mucho más rápido cuando la casa acompaña. Estas estrategias no reemplazan el tratamiento: lo sostienen los otros seis días de la semana.
Una sesión de terapia dura cuarenta y cinco minutos a la semana. La casa dura los otros seis días. Por eso, en el trabajo con niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) o con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), lo que ocurre en el hogar no es un complemento: es la mitad del tratamiento.
Las estrategias que siguen son las que más repetimos con las familias que atendemos en San Miguel. No sustituyen el plan que arme la especialista para tu hijo —cada perfil es distinto—, pero funcionan como base común.
Primero: el diagnóstico explica, no etiqueta
Muchos padres temen que un diagnóstico «marque» al niño. En la práctica ocurre lo contrario. Sin diagnóstico, la conducta se lee en clave moral: es malcriado, es flojo, no le importa. Con diagnóstico, se lee en clave de funcionamiento: le cuesta sostener la atención, le cuesta procesar tanto estímulo a la vez, necesita más tiempo para cambiar de actividad.
Ese cambio de lectura baja la culpa de todos, la del niño incluido, y permite ajustar el entorno en lugar de exigirle que se ajuste solo.
Rutinas visibles, no solo habladas
Tanto en TEA como en TDAH, la anticipación reduce enormemente la ansiedad y los conflictos. La diferencia es que la rutina hablada se olvida y la rutina visible se consulta.
- Arma un panel con la secuencia del día en imágenes o dibujos simples: despertar, desayuno, colegio, tarea, juego, baño, cuento, dormir.
- Colócalo a la altura del niño, en el lugar donde ocurre la rutina.
- Deja que él mismo mueva la pieza o marque lo que ya cumplió: la participación sostiene el hábito.
- Avisa los cambios con anticipación. «En cinco minutos guardamos» funciona mucho mejor que «ya, guarda».
- Para las transiciones difíciles, usa un timer visual o una canción de duración conocida.
Instrucciones que sí se pueden seguir
Un error frecuente y totalmente comprensible es dar instrucciones encadenadas: «anda a tu cuarto, cámbiate, guarda el uniforme y baja a comer». Para un niño con dificultades de memoria de trabajo, esa frase se pierde después del segundo paso.
- Acércate y capta su atención antes de hablar; no des indicaciones desde otra habitación.
- Una instrucción a la vez, en positivo: di lo que quieres que haga, no lo que no quieres.
- Frases cortas y concretas. «Pon el plato en el lavadero» antes que «ordena la cocina».
- Pide que la repita con sus palabras para confirmar que la registró.
- Da tiempo de respuesta. Repetir la orden a los dos segundos reinicia el proceso en su cabeza.
Refuerza lo que quieres que se repita
La atención de los adultos es el reforzador más potente que existe para un niño, y con frecuencia se la damos casi solo cuando algo sale mal. Dar vuelta esa proporción es una de las intervenciones más eficaces y más baratas que existen.
Apunta a reconocer varias conductas positivas por cada corrección. Y hazlo específico: «me gustó que guardaste los bloques apenas te lo pedí» enseña mucho más que un «muy bien» genérico, porque nombra exactamente la conducta que quieres ver otra vez.
Los sistemas de puntos o economías de fichas funcionan bien en TDAH, con dos condiciones: que la recompensa esté cerca en el tiempo (diaria al inicio, no mensual) y que el niño participe en elegirla.
Cuando aparece la crisis
En TEA, muchas crisis no son berrinches sino sobrecarga sensorial: demasiado ruido, luz, gente o cambios. La diferencia práctica es que un berrinche busca algo y una sobrecarga solo busca que pare el estímulo.
- Baja el estímulo antes que el volumen de tu voz: menos luz, menos ruido, menos personas hablando.
- Habla poco. En plena crisis, el lenguaje complejo satura más.
- Ten un lugar tranquilo acordado de antemano al que pueda ir a regularse.
- Cuida su seguridad y espera. La conversación viene después, cuando ya se calmó.
- Más tarde, revisa qué pasó justo antes: casi siempre hay un patrón que se puede anticipar.
El ambiente también trata
Pequeños ajustes en la casa reducen la fricción diaria: un lugar de estudio despejado y sin pantallas a la vista, cajas etiquetadas para que guardar sea posible sin ayuda, ropa cómoda si hay hipersensibilidad táctil, y pausas de movimiento cada quince o veinte minutos durante la tarea. Los niños con TDAH no rinden más cuando se les obliga a estar quietos más tiempo; rinden más con bloques cortos y descansos activos.
Coordina con el colegio
Pide una reunión con la tutora y comparte lo que funciona en casa. Las adaptaciones más pedidas —sentarse adelante, instrucciones repetidas o por escrito, tiempo adicional en evaluaciones, permiso para pausas breves— son sencillas de aplicar y cambian mucho la experiencia escolar. Cuando casa, colegio y terapia usan las mismas estrategias, los avances se consolidan bastante más rápido.
Y ustedes, los padres
Criar a un niño con TEA o TDAH es sostenido y agotador, y el desgaste de los padres es un factor real en la evolución del tratamiento. Repartir la carga entre los cuidadores, mantener algo de vida propia y buscar apoyo psicológico cuando hace falta no es un lujo: es parte de cuidar a tu hijo. Un adulto regulado es lo que le permite regularse a él.
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