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¿Qué son los ataques de pánico y cómo actuar durante uno?

¿Qué son los ataques de pánico y cómo actuar durante uno?

El pánico es una falsa alarma del sistema de defensa: intensísima, agotadora y, aun así, inofensiva. Saber eso y tener un plan concreto cambia por completo la forma de atravesar una crisis.

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«Pensé que me moría». Casi todos los ataques de pánico se recuerdan con esa frase. Estabas en el mercado, en el bus o incluso echado en tu cama viendo el celular, y de un momento a otro el corazón se disparó, te faltó el aire, se te durmieron las manos y tuviste la certeza absoluta de que algo grave estaba pasando. Muchas personas terminan esa noche en emergencias, les hacen un electrocardiograma y les dicen que está todo bien. Y salen de ahí más confundidas que cuando entraron.

Un ataque de pánico es una descarga repentina de miedo intenso que alcanza su máximo en pocos minutos, con síntomas físicos fuertes pero no peligrosos. No provoca infartos, desmayos ni locura. Es el sistema de alarma del cuerpo activándose entero, de golpe y sin amenaza real. Dura mucho menos de lo que parece.

¿Qué pasa exactamente en tu cuerpo?

Tu organismo tiene un mecanismo de defensa que se prepara para pelear o para huir. Cuando se activa, la adrenalina hace su trabajo en segundos: el corazón acelera para repartir sangre a los músculos, la respiración se vuelve rápida y superficial para cargar oxígeno, la sangre se redistribuye hacia las piernas y los brazos (por eso las manos se enfrían y hormiguean), la digestión se detiene (de ahí las náuseas) y la percepción se altera (de ahí la sensación de irrealidad).

Todo eso es exactamente lo que necesitarías si tuvieras un peligro real delante. El problema no es que el sistema esté roto: es que se disparó sin motivo. Una falsa alarma. Igual que un detector de humo que suena por el vapor de la ducha: el ruido es tremendo, pero no hay incendio.

Hay un detalle que explica casi todos los síntomas raros: al respirar de más se expulsa demasiado dióxido de carbono, y eso produce mareo, hormigueo, visión borrosa y sensación de ahogo. Es decir, esa sensación de «no me entra aire» no viene de que falte oxígeno, sino de que sobra respiración. Por eso el consejo de «respira hondo» a veces empeora la cosa.

¿Cuánto dura y por qué se confunde con un infarto?

El pico de una crisis de pánico dura entre unos pocos minutos y unos diez; rara vez más. La adrenalina se agota y el cuerpo, quiera o no, empieza a bajar. Lo que sí puede durar horas es el malestar posterior: temblor, cansancio, mareo y una alerta de fondo esperando la siguiente.

Se confunde con un problema cardíaco porque comparte síntomas: presión en el pecho, taquicardia, sudor frío, sensación de muerte inminente. La diferencia práctica es que en el pánico los síntomas suben muy rápido y bajan solos, la respiración es rápida y superficial, y suele haber hormigueo y sensación de irrealidad. Aun así, esto no se diagnostica leyendo un artículo, y más abajo verás cuándo hay que descartar causa médica.

También ayuda ubicar el pánico dentro de un cuadro más amplio: rara vez aparece de la nada en una vida tranquila. Suele haber semanas o meses de tensión acumulada previa, y conviene revisar cuáles son los síntomas y causas de la ansiedad que venían de fondo. Si además te cuesta distinguir el estrés del pánico, ahí lo explicamos con ejemplos.

Qué hacer durante una crisis de pánico, paso a paso

La meta no es cortar la crisis de golpe. Es atravesarla sin pelear, porque pelear la alarga.

  1. Ponle nombre. Di internamente, o en voz baja: «esto es una crisis de pánico, es desagradable y no es peligroso, va a bajar sola». Nombrarlo evita que tu mente empiece a construir la catástrofe.
  2. Quédate donde estás, si puedes. No huyas del lugar. Busca dónde sentarte, pero en el mismo sitio. Más abajo explicamos por qué esto importa tanto.
  3. Suelta el aire despacio. No inhales más: exhala más largo. Inhala por la nariz contando hasta cuatro y suelta por la boca contando hasta seis u ocho, con los labios casi cerrados. Repítelo unas diez veces.
  4. Baja los hombros y afloja la mandíbula. Estás en posición de combate sin darte cuenta. Suelta la tensión de forma deliberada.
  5. Ancla la atención en el entorno. Nombra cinco cosas que ves, cuatro que oyes, tres que puedes tocar. Sacar la atención del cuerpo corta el círculo de estar vigilando cada latido.
  6. No revises tu pulso ni busques síntomas en internet. Cada revisión confirma la sensación de peligro y sube la alarma.
  7. Espera. Literalmente. Deja pasar los minutos sabiendo que el pico es corto. La crisis termina siempre.

Ese cuarto minuto respirando es el más difícil y el más rentable. Si quieres practicarlo antes de necesitarlo, revisa estos ejercicios de respiración para la ansiedad: entrenados en calma, salen solos en crisis.

¿Qué hago si le pasa a otra persona delante de mí?

Acompañar bien es más sencillo de lo que parece, y hacerlo mal empeora la escena.

  • Habla despacio y bajo. Tu tono regula el suyo más que tus palabras.
  • Di lo que está pasando: «estás teniendo una crisis de ansiedad, va a pasar, estoy contigo». Sin gritos, sin correr a buscar agua azucarada, sin llamar a diez personas.
  • Respira con ella. Ponte enfrente y marca el ritmo en voz alta: inhala cuatro, exhala seis. Que te copie.
  • No le digas «cálmate» ni «no es nada». Minimiza lo que siente y añade vergüenza a lo que ya está pasando.
  • No la saques corriendo del lugar salvo que haya un motivo real. Esperar ahí, sentados, es parte del aprendizaje.
  • Cuando baje, no la interrogues. Silencio, agua, tiempo. Se habla después.

Por qué salir corriendo del lugar empeora el problema

Aquí está la trampa. Si la crisis te agarra en el supermercado, sales al estacionamiento y a los minutos te sientes mejor, tu cerebro saca una conclusión errónea pero muy convincente: «me salvé porque salí». Y la próxima vez pedirá salir antes.

La realidad es que la crisis iba a bajar de todos modos, estuvieras adentro o afuera. Pero como aprendiste lo contrario, el supermercado queda marcado como peligroso. Después el bus. Después el cine, el ascensor, la cola del banco, ir sola. Así se construye la agorafobia: no es miedo a los lugares, es miedo a que la crisis te agarre en un sitio del que sea difícil salir.

Lo mismo hacen las conductas de seguridad: llevar siempre la botella de agua, la pastilla en el bolsillo aunque nunca la tomes, salir solo acompañado, sentarte cerca de la puerta. Cada una impide que compruebes que podías sostenerlo sin ellas. Por eso el tratamiento no consiste en darte más trucos para escapar, sino en devolverte los lugares uno por uno.

¿Cuándo hay que descartar una causa médica?

Ante el primer episodio, lo prudente es una evaluación médica. También conviene consultar si:

  • El dolor en el pecho se irradia al brazo o a la mandíbula, o aparece con el esfuerzo físico.
  • Hay pérdida de conciencia real, no la sensación de que te vas a desmayar.
  • Los episodios empezaron después de un cambio de medicación o junto con otros síntomas nuevos.
  • Tienes antecedentes cardíacos, problemas de tiroides o anemia.

Descartar es sano. Repetir exámenes cada mes ya no lo es: a partir de cierto punto, buscar una explicación médica se convierte en otra conducta de seguridad más.

¿Tiene tratamiento?

Sí, y es de los cuadros que mejor responden. El trabajo suele combinar información clara sobre qué es la falsa alarma, entrenamiento en respiración y regulación, cambio de las interpretaciones catastróficas de las sensaciones corporales, y exposición gradual y acordada a las situaciones evitadas y a las propias sensaciones físicas. Puedes ver cómo funciona la terapia cognitivo conductual, que es el abordaje con más respaldo de evidencia para el pánico.

En el centro, en San Miguel, la primera sesión suele dedicarse a mapear cómo son tus crisis, qué las precede y qué haces después. Con eso ya se puede definir un tratamiento psicológico de la ansiedad ajustado a tu caso, presencial u online.

Hay una frase que suele repetirse en consulta y que vale la pena llevarse: el pánico no gana por lo fuerte que es, gana por lo que te convence de hacer después. El día que dejas de reorganizar tu vida alrededor de él, empieza a perder tamaño.

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En el Centro Psicológico Nueva Mente atendemos de forma presencial en San Miguel, Lima, y también online por videollamada. Si algo de lo que leíste te resuena, escríbenos: la primera consulta sirve justamente para ordenar el panorama y saber qué tipo de acompañamiento necesitas.

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